jueves, 30 de septiembre de 2010

poesía de Mario Benedetti

Hagamos un trato
Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo
(Carlos Puebla)
Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted 

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

La marcha

Caminaba por las calles del centro,  aquellas que por las noches solo las habitan los encargados de limpieza, a lo lejos se puede ver la catedral y la bandera, flácida y escuálida,  se retuerce moribunda en un viento que ya no está para recordar los años de gloria y júbilo, cuando los ejércitos entraban triunfantes, o los campesinos entraban triunfantes, o los estudiantes. Ya no.

Ahora y sin querer era yo quien entraba triunfante, y no estaba solo, no supe cómo, de repente me uní a un convoy, aguerrido, estridente, majestuoso, caminamos gritando y yo tomé unas latas de pintura en aerosol y escribí en los edificios cosas que recordé, frases en las paredes, algunas ideas, no importaba qué, la gente miraba lo que escribía y algunos aplaudían, muchos otros solo asentían la cabeza, fue un gran momento y decidí no dejarlo así.

Comencé a cantar algunos lemas legendarios, lemas que solo los héroes en las películas han dicho, lemas que se quedan en las tumbas y en las lenguas de los grandes, comencé a mezclar palabras, proclamé lo que para mí era justo, lo que debía de hacerse, la gente gritaba conmigo, me miraban esperando qué diría después para gritarlo a coro, cuando no se me ocurría nada pedía alguna botella con fuego y la arrojaba a las ventanas o a lo lejos.

Algo que no era yo ni estaba dentro de mí continuaba diciendo todas esas cosas, lo extraño es que era algo que se situaba del exterior, del tumulto, yo, nosotros, ya no éramos más que uno solo, gritando, escribiendo, quemando, haciendo vibrar las calles empedradas y los edificios viejos, ya sabía lo que cada uno de nosotros pensaba, quería, incluso lo que iba a decir, me había vuelto ellos.

La marcha siguió, no hubo pared que no tuviera en ella algún poema o algún mensaje que solo supe saber qué significaba en el momento en que lo escribí, supe que no escribía yo, sino todos y no quemaba los locales sino todos los quemábamos, las ventanas cayeron por el grito colectivo y desesperado que estalló dentro de nosotros, corríamos hacía alguna dirección como los cardúmenes que se mueven ondulantes en el mar, gritábamos con tanta fuerza  que pudimos haber desmoronado todos los edificios. Éramos tantos que habríamos podido destrozar el tráfico del mediodía con solo pasar por encima de él.

Al final entramos triunfantes hacia el zócalo, pero ninguno de nosotros sabía precisamente qué triunfo era este, pero no lo pensamos ni lo dudamos un solo instante, habíamos hecho de este lugar unas dunas hermosas, llenas de ruido, llenas de fuego y poesía.

Una lluvia de júbilo nos bañó a todos, apagó nuestros fuegos, nuestros gritos, nuestros recuerdos, el humo nos embriagó y no me pude quedar en pie, no pude contener el llanto.

martes, 14 de septiembre de 2010

domingo, 12 de septiembre de 2010

El maestro y el libro

El maestro había permanecido meditando durante años, sin comer, sin dormir, sin hacer nada mas que un pequeño sonido que no había parado desde hace sesenta años cuando el maestro decidió sentarse y meditar.

Durante todo ese tiempo el maestro había aclarado todo, había pensado todo, se había despojado de todo pero no era feliz y sabía, porque ahora lo sabía todo, que la felicidad se le había ido, que meditar otros sesenta años lo empeoraría, aún así no podía dejar de hacer ese sonido.
Ninguno de los presentes sabía que es lo que podría decir, no había dicho nada hace mucho tiempo, incluso habían discipulos que no conocían la voz del maestro, solo escuchaban aquel sonido enigmático y pegajoso.

El maestro comprendió que había olvidado al hombre, había olvidado comer, dormir, tomar agua, amar, hablar.

Decir que lo olvidó todo sería una gran mentira, pues meditó tanto que todo aquello que no era el sonido que producía lo fue acuñando a una sola palabra, una palabra que no sabe de donde viene, pero es todo aquello que veía, sentía, amaba, comía, tomaba hace más de sesenta años, en su mente la comprendía como una palabra pero no encontraba la forma humana de  pronunciarla.

El maestro recordó cuando por primera vez abrió el gran libro, cuando lo leyó una y otra vez y no encontraba la manera de explicarlo a sus discípulos, así fue como se aventuró a meditar por sesenta años.

Había dejado su esposa y a sus hijos antes de aventurarse y recorrer las siete montañas, los tres desiertos, los nueve lagos. Ahora sus hijos tenían hijos y estos a su vez también. Todos estaban ahí, todos escuchando solo el sonido tenue e interminable.

El maestro supo que el propósito de su existencia y quizás la de todos los ahí presentes era esa palabra y también supo que cuando la pronunciara moriría, pues hasta la muerte misma esperaba escuchar esa palabra.

El sonido terminó y el maestro separó los labios y pronunció una palabra, la palabra fue escuchada por todos, clara y fuerte, entró suave en el timpano de cada ser viviente en la tierra.

A partir de ese punto la historia es incierta.

jueves, 9 de septiembre de 2010

éxodo 2

Vagaron errantes en busca de un lugar para vivir.
Habían vivido errantes, pero no sabían qué era vagar en el desierto, no sabian qué era caminar por las arenas cuando éstas son tan calientes como el sol, no sabían que era no beber agua durante  días, ni provar bocado alguno.
A veces encontraban animales muertos, corrían hacia ellos, espantaban a los buitres, devoraban carne cruda, descompuesta, comían moscas, bebían sangre.
Los que morian no eran enterrados pues de eso se encargaba el desierto, aquel que moría era devorado por su familia y no se sabe a ciencia cierta cuántos morían o cuántos eran asesinados.
Por las noches todos hacían una gran pila y en la parte más caliente dormían a los niños, al despertar habían quienes no lo hacían, por lo general eran los más viejos.
Eran miles caminando diario y diario morían algunos.
Diario un niño tenía que ver a dos teniendo sexo como si fuese un castigo para ambos.
Diario alguien entraba en pánico y tragaba tierra ardiente hasta morir.
Con el tiempo se acostumbraron, la arena ya no era tan caliente, el hambre era menos frecuente, la ropa era sólo util por las noches, tener sexo era sólo una labor para preservar a la especie, todos caminaban, incluso dormidos, lo que los hacía despertar en otro lugar y como el desierto es igual  dieron vueltas en círculos por años.
Pensaron que si no era tan terrible vagar por el desierto podrían tomarlo como su tierra, pensaban que el viejo sueño de vivir entre pasto y árboles ahora era repulsivo. Fue quizá una bendición del creador, pues en cuanto desearon vivir ahí, se convirtieron en hierba, en cactus, en arena o en plantas rodadoras que vagan herrantes, ya sin lágrimas, con un viejo sueño que no recuerdan.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Génesis 3

 "Why do the birds go on singing
why do the stars glow above
don't they know it's the end of the world..."

Skeeter Davis

No saben que se acaba el mundo.
El panadero saca la primer charola de pan a las cuatro y media de la mañana, alguien enciende una hornilla para poner el café y no saben que el mundo se acaba.
Suena la campana del recreo y se escuchan los juegos de los niños, nadie sabe que el mundo se acaba.
El sol brilla como brilló en la más hermosa tarde de octubre, las aves vuelan suave por el cielo y no saben que el mundo se acaba.
 El sol está por ponerse y no lo saben, aún así cantan, juegan, siembran, tocan el bandoneón, beben cerveza,reparten los naipes.
No saben que es hora, pronto se nublará, caerán las primeras gotas y no parará hasta dentro de cuarenta días, cuando todo esté bajo el agua.
A lo lejos, un viejo loco mete a los animales que le placen en una balsa, seguro alguien le advirtió.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Génesis 2

Los primeros fueron dos. Hombre y mujer.
Todo era perfecto, pero al creador le pareció aburrido.
Así que les dio manos pero les prohibió tocarse uno al otro.
Les dio ojos y les prohibió verse uno al otro.
Les dio labios y les prohibió besarse uno al otro.
Les dio corazón y les prohibió amarse.
Les dio cerebro y les prohibió pensar.
De entre todas las prohibiciones había una cuyo castigo los haría felices.
Ella mordió la manzana, él la abrazó, el otro él los condenó.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Revelry KOL

Esta canción está o deberá estar en el top 10 de mis canciones favoritas de todas, desde que Caleb comienza a cantar: what a night for a dance, you know i'm a dancing machine, se me enchina la piel.
El bajo no tiene madre, la guitarra es el super feeling y la bataca mis respetos.

Pero para qué tanto choro, mejor pongo la rola, es la mejor versión en vivo que encontré, aunque suena algo bajo de volumen.


viernes, 3 de septiembre de 2010

Éxodo

Un vehículo tan lento que es como caminar, tan dificil de conducir que es como caminar, tan a la interperie que es como caminar, tan grande que es como caminar, con tanta gente dentro que es como caminar, tan lejano de todo que es como caminar, llueve tanto que es como caminar.

El creador lo llenó de agua, lo puso a girar sobre su propio eje, y quieran o no, todos aquellos que viajen en este vehículo caminarán en él por el resto de sus vidas.